Por fin licenciada, por fin mi eterno sueño realizado, por fin sin más obligaciones que cumplir. Y a pesar de todo no logro estar satisfecha. Resulta frustrante romperse los cuernos para conseguir algo durante catorce años y que cuando llega el gran momento en el que todo ese esfuerzo culmina en el último recital te sientas absolutamente igual que pocos meses antes.
Todo por culpa de los malditos pensamientos que nublan la mente, que no me dejan disfrutar. Todo por culpa de las decepciones constantes que me estoy llevando. Todo por culpa de amigos que creías que lo eran y en realidad no lo han sido nunca. Todo por culpa de mi falta de iniciativa y mi pavor a enfrentarme a problemas.
Parece mentira que todo ello se pueda sobreponer a mi ego. No debería ser así.
No vale la pena dejar de disfrutar o dejar de ser feliz a causa de cualquiera de estos motivos, porque ninguno de ellos merece dedicarle un minuto de mi tiempo durante el cual puedo saborear la integridad y enormidad del logro conseguido.
02 julio 2008
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