29 mayo 2008

Personalísimo

Serenidad, paciencia, autocontrol, firmeza y tenacidad. Es fácil pretender comportarse de cierta manera ante determinadas circunstancias. Sin embargo, es harto difícil lograr un resultado convictorio.

Personalmente, soy más eficiente actuando bajo presión, sabiendo que me quedan horas para jugarme una carrera. En esas horas me pregunto por qué no habré actuado antes de manera razonada, evitándome estados de nerviosismo innecesario que acaban por perjudicarme físicamente obligándome a ingerir malditos medicamentos - si merecen ser calificados como medicamentos -.

Conciertos, recitales, exámenes - "encuentros", dicho de forma eufemística por algunos -, horas y horas que invertir en su preparación. Y, por supuesto, no en pocas ocasiones, esperanzas frustradas que invitan a renunciar a cualquier cosa por mantener la integridad física.

Y todo esto, ¿para qué? Para terminar con un título, con un papel sólido que afirme que has estado devorando libros durante años y que, en teoría - en muchos casos no se extiende a la práctica -, resultas apto para comenzar una actividad profesional que ya podría ser considerada seria. Y, paradójicamente, existe un ingente número de casos en que, sin estudios previos, se ha llegado más alto que lo que se podría haber conseguido perdiendo años y más años abonando el cerebro e incluso pagando por obtener un potencial fruto de dicho cultivo.

Nadie puede pretender ser más de lo que por naturaleza puede llegar a ser. Supongo que la capacidad de cada uno es limitada. En tal caso, ¿por qué perder de semejante manera el tiempo pudiendo dedicarlo a lo que realmente se sabe hacer? Resulta frustrante dejarse la piel en algo no acorde al conocimiento natural de cada uno. ¿Tendría sentido que una mente prodigiosa en materia de números se dedicara a la historia del arte? ¿Sería justo perder un talento pictórico por forzarse él mismo a estudiar leyes?

Seamos realistas y economicemos el tiempo del que disponemos. Seamos racionales y dediquémonos a lo que cada uno llevamos dentro. Estemos dispuestos a dar un paso atrás y redirigir nuestro iter. No transgredamos las reglas del mundo. Es el propio mundo que requiere una especialización de cada individuo. Una especialización sin coacción previa. Una especialización absolutamente natural. Seamos lo que verdaderamente somos.

26 mayo 2008

Save freaks!

Es curiosa la reacción de la gente ante las rarezas de sus compañeros. Resulta fácilmente probable el hecho de que cada uno crea ser un ente superior al resto de personas que le rodean, que, efectivamente, esté convencido de su normalidad y de que cualquier cosa que él no haría es freak.
Afortunadamente, el mundo está repleto de personajes freaks. ¿Qué sentido tendría no haberlos? ¿Acaso no contribuyen a la existencia de un mundo más pintoresco? ¿Por qué no intentar aceptar otros modos de vida de la misma manera que aceptamos el de uno mismo?
Soy la primera que tacha de anormales (sin entenderlo de forma despectiva) a los que sobrepasan los límites de lo que considero humanamente aceptable. Pero hay que reconocer que sin estos anormales (insisto en la carencia de desprecio de este denotador) contemplar el pasar de las horas sería mucho más monótono.
La persona ha nacido para criticar y ser criticada, para valorar sin limitaciones externas y está en su completo derecho.
Combatamos esta potencial monotonía y aboguemos por la existencia de clases anormales de personajes, no por ello renunciando a nuestra fruición en el ensañamiento con sus personas.